¿QUÉ ES UN PERRO DE INTERVENCIONES A PERSONAS ASISTIDAS CON PERROS?

¿QUÉ ES UN PERRO DE TERAPIA? Un perro de trabajo entrenado para trabajar con personas en intervenciones asistidas con perros NO ES UN PERRO DE CIRCO, como muchas personas piensan, es mucho más. Este post te puede dar una visión de la exigencia que debe tener la elección y entrenamiento de un animal que va a ser destinado a algo tan importante como la salud, el bienestar, la mejora en la calidad de vida o la educación de las personas, entre otras…

 

Indudablemente, un animal destinado a este tipo de trabajo tiene aprendido un repertorio de habilidades caninas que constituye la parte más lúdica de las intervenciones, pero no la más efectiva desde el punto de vista terapéutico o psico educativo, y sus cualidades van mucho más allá.

 

Para empezar hay que tener en cuenta de una premisa fundamental: el perro o perra de terapia se entrena, pero debemos partir del punto de entrenar un animal que de nacimiento tenga un temperamento, una actitud y aptitud ideales para poder conseguir en él o en ella, un comportamiento idóneo durante las sesiones con un doble fin.

 

Por un lado y más importante, si el técnico canino en intervenciones asistidas con perros es un profesional honesto, asegurar el bienestar animal en su compañero/a canino/a durante el entrenamiento, la ejecución de las sesiones y en el trabajo posterior a las sesiones para eliminar el estrés residual que este trabajo puede provocar en el perro o perra de intervenciones asistidas. Este objetivo sólo es posible si se tiene en cuenta la primera cualidad del perro de terapia, el de ser un animal equilibrado y estable, capaz de gestionar estímulos negativos con madurez, y ser capaz de superar estos estímulos negativos que se producen en las sesiones por enfrentamiento a un entorno desconocido, a un manejo poco afinado de los usuarios... y otras circunstancias que se producen durante las sesiones. Sólo un animal con las cualidades descritas puede tener una coordinación con su guía y confianza en él que proporcionen el disfrute de su trabajo al animal.

 

Por supuesto, y derivado de lo anterior, se erradica con mucha probabilidad la aparición de una conducta agresiva, o que pueda parecerlo, del perro en sus intervenciones, aún en el caso de la aparición de un estímulo que pueda ser percibido por el perro como hostil. Y esto es gracias por un lado a la madurez del perro, y por supuesto, a la confianza que éste tiene en su compañero humano, su guía, que está en esa situación junto a él, trabajando “hombro a hombro”, y del que está seguro que no lo va a dejar en una situación de indefensión.

 

El segundo fin es el contar con un animal sociable con personas, con otros perros e incluso con otros animales de otras especies, capaz de transmitir esa sociabilidad y empatizar con los usuarios, con una gran capacidad de entrenamiento y trabajo, y con una generosidad extrema que le hagan trabajar eficazmente aún en estados de cansancio físico o mental.

 

Como se puede deducir de los párrafos anteriores, un perro de terapia no es, como dije al principio un animal de circo. Es más, ES UN ANIMAL EXCEPCIONAL.

 

Quiero dedicar este post a DUNA, TULA, BONGO, ILU, BRANDON, TINTA, RUMBA…

 

Álvaro Cabrera.

 

Técnico en Intervenciones a Personas Asistidas con PERROS EXCEPCIONALES.

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